lunes, 31 de enero de 2011
CENTRO DE RECURSOS DE MATHARE
AMAYA ACABA DE HABLAR DE ESTE CENTRO EN LA ENTRADA DE 29 DE ENERO Y ES MUY INTERESANTE LO QUE COMENTA.
29 DE ENERO
Ayer visité el “slum” de Mathare. Muzungu, how are you? how are you?. Me decían los niños al pasar. Barrizales, terreno desnivelado, basura, mugre, desorden, casas de aluminio. Si hace mucho calor se recalientan y dentro es difícil estar más de una hora seguida porque te recalientas tú también. Puestos con la fruta en el suelo, kinjozi (peluquería), carnicerías dónde a la carne la revolotean las moscas, baños públicos. Un goteo incansable de todo tipo de medios de transporte y de cosas a transportar.
Carretas de propulsión animal y humana, la espalda misma, camellos, motos.
Agua, tomates, plásticos, sacos de arroz, ladrillos de barro, garrafas de leche.
Y en medio de este caos un oasis: El centro de recursos de Mathare.
Es una especie de asociación en la que la gente aunque no tiene recursos, dona lo que tiene, su tiempo. Hay clases de guitarra, pintura, un estudio de música. Todo muy artesanal, rudimentario.
Me provoca una gran admiración que en medio de este lugar, dónde el camino más fácil es darse a la bebida o al pegamento, abandonarse, desistir,... existen personas que todavía tienen esperanza, luchan por el cambio, no pierden las ganas, no desisten. Son verdaderos seres de luz.
Me contaban que en ese “slum” habían convivido unos cuantos años con un grupo de jóvenes llamado Mungiki, que iba en contra del gobierno. Saqueaban las tiendas para llevarse el dinero, amenazaban a la gente y cuando alguien “ les molestaba” lo mataban, cortándole la cabeza.
De vuelta a Nairobi al ser hora punta han subido el precio del autobús a más del doble. Aquí la tarifa del autobús muestra claramente la ley de oferta y demanda (para mis alumnos de economía). Cuando más gente hay que quiere coger el autobús por hora punta o por lluvia(más demanda), doblan la tarifa(sube el precio), y en las horas en las que menos gente coge el autobús bajan el precio. ¡Os imagináis en España que en las horas que todo el mundo quisiera coger el transporte público para ir al trabajo, doblaran el precio! Seria la revolución.
jueves, 27 de enero de 2011
miércoles, 26 de enero de 2011
RESPUESTA DE AMAYA A LOS COMENTARIOS
Gracias a todos por vuestros ánimos, porque muchas veces son los que me hacen creer que este esfuerzo merece la pena. Son como una ventana que se abre al otro mundo, me saca de este por un momento, y me hace seguir con más fuerza. Muchos besos
26 DE ENERO
He estado en el Monte Kenia. Necesitaba un respiro. Un poco de mis montañas.
Para los Embu, Meru y Kikuyos, el monte Kenia es la casa de su Dios. Salí el sábado y regrese ayer. Mi "expedición" era un poco atípica. Eran todos negros menos yo. Al contrario que el resto, eran todos blancos menos los porteadores y guías.
Contrastes. Nosotros, los turistas, con unas super equipaciones. Y ellos con unas mochilas y botas que yo creo que las de mis padres en sus tiempos mozos eran mejores. Incluso he visto a porteadores con botas de agua. La manera de subir de David, el guía, tira por tierra un montón de mitos. Ocurría lo mismo en la Cordillera Blanca en Perú, donde porteadores de 40 kg de peso, se echaban a las espaldas 50 kg de carga y ascendían pendientes en zapatillas de deporte: la adaptación al medio. Nosotros estamos fuera. Es como si a un jugador de baloncesto le ponen a hacer gimnasia rítmica.
Ellos se adaptan, sin más. No sólo aquí, no David o Isaac, los porteadores o el guía, que son los afortunados. El resto. La inmensa mayoría. Se adaptan a las miserias, al hambre, a las dificultades. El africano se adapta a todo aquello que le es enviado. Yo les miro, tendidos en las esquinas, sentados en los tenderetes de los mercados, apoyados en la pared, sentados en el matato, esperándolo. Con el rostro impasible y la mirada perdida. Solamente permaneciendo allí.
Intentas adivinar dos puntos, ¿estará esperando a alguien?, ¿busca algo?, ¿está sólo? ¿espera algo?
Hemos subido el Lenania que tiene 4985 metros. No había estado tan alta nunca. Y sin mal de altura. Solo dolor de cabeza. Con una aspirina como nueva.
La montaña, como siempre, me hace desconectar. En ésta ,a diferencia de la Sierra de Guadarrama en Madrid, que como mucho te puedes encontrar con vacas, y con algún zorro si tienes mucha suerte, te puedes encontrar con elefantes y leopardos. Pero yo solo oí a los elefantes y porque me lo dijeron.
Y me sigo preguntando si alguna vez conseguiremos ver como normal a los negros en sitios de blancos y al revés a los blancos en sitios de negros. No servirán antes a un blanco que a un negro en un restaurante, ni querrán cobrar más a un blanco por ser blanco.
Porque sigue sorprendiendo. A los negros con los que iba, los blancos les miraban con disimulo, hasta una pobre mujer se cambio de litera porque Boni estaba arriba. Y a mi me siguen mirando en los matatos y mercados, sin disimulo, preguntándose también esta blanca que hace aquí.
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